¿Qué es “educación a distancia” (EaD)?
En nuestro anterior post ‘Educación a distancia’, o qué‘
realizábamos un breve recorrido por las diversas denominaciones que ha
venido ostentando esta modalidad educativa. La verdad es que todas ellas
tenían su justificación según latitudes, épocas, instituciones,
legislaciones, etc. Parece que esa cosa de la “EaD” puede ser, por
tanto, polisémica porque cada una de esas diferentes maneras de
denominar a este fenómeno pretendían poner de manifiesto determinados
enfoques o, quizás, sólo matices. Cada uno de esos términos ha tratado
de identificar tendencias, ideologías, sustratos identitarios,
contextos, sentidos, proyectos sociales, institucionales o académicos,
etc. En realidad cuando se utiliza cualesquiera de ellos se está
pretendiendo ahorrar descripciones.
Pero
esa diversificación, esos disensos a la hora de delimitar una idea, han
venido dificultando acuerdos más genéricos sobre cómo mejor denominar a
esta forma no presencial de enseñar y aprender. Nos vamos a quedar con
lo que ya explicaba en la citada anterior entrada, con la aceptación y
acuerdo por parte de ICDE (International Council for Open and Distance Education)
de la denominación de “Educación a Distancia” como identificadora de
todas estas prácticas, formulaciones y propuestas no presenciales. Pero
no olvidemos que ese acuerdo data de 1982.
Ya hace tiempo, 26 años nada menos (1986), escribía sobre el particular en uno de mis primeros libros “Educación superior a distancia. Análisis de su eficacia”
(236 pp.). En este libro ya recopilaban una serie de definiciones y
teorías sobre la EaD que, posteriormente, se han ido clonando
sistemáticamente en posteriores publicaciones en español. Se concluía
con una definición propia de la modalidad que, al hilo de todas las
definiciones repasadas, la consideré entonces como un “sistema
tecnológico de comunicación masiva y bidireccional que sustituye la
interacción personal en el aula de profesor y alumno como medio
preferente de enseñanza, por la acción sistemática y conjunta de
diversos recursos didácticos y el apoyo de una organización tutorial,
que propician el aprendizaje autónomo de los estudiantes”. Un año
después (1987) publicábamos un trabajo titulado “Hacia una definición de educación a distancia” que está online y que pueden ustedes consultar (es breve) AQUÍ.
Ese trabajo se fue completando en sucesivas publicaciones, una de ellas unos años después, en 1994, en el libro “Educación a distancia hoy” que desde hace pocos meses puede consultarse también en línea, sus 642 páginas, íntegramente, AQUÍ.
Unos últimos matices introduje en el libro de 2001 “La educación a distancia. De la teoría a la práctica”
(329 pp.). De éste último, tomo algunas de las ideas siguientes, con
matices actuales. ¿Cómo ofrecer una definición de EaD más breve que la
anterior, yendo al mínimo denominador común? Pues si quisiéramos
sintetizar mucho, mucho. Si quisiéramos llevar al mínimo el número de
características más relevantes de estos procesos, señalaríamos las
siguientes como necesarias y suficientes para que consideremos a un
curso, programa o institución como de educación a distancia:
a)
La casi permanente separación del profesor/formador y
alumno/participante en el espacio y en el tiempo, haciendo la salvedad
de que en esta última variable, puede producirse también interacción
síncrona.
b)
El estudio independiente en el que el alumno controla tiempo, espacio,
determinados ritmos de estudio y, en algunos casos, itinerarios,
actividades, tiempo de evaluaciones, etc. Rasgo que puede complementarse
–aunque no como necesario- con las posibilidades de interacción en
encuentros presenciales o electrónicos que brindan oportunidades para la
socialización y el aprendizaje colaborativo.
c)
La comunicación mediada multidireccional entre profesor/formador y
estudiante, y de éstos entre sí a través de diferentes recursos
tecnológicos.
d)
El soporte de una organización/institución que planifica, diseña,
produce materiales (por sí misma o por encargo) y realiza el
seguimiento, motivación y evaluación del proceso de aprendizaje a través
de la tutoría.
Con esas características podríamos avanzar una definición breve pero que podría ser válida en numerosos contextos: La
educación a distancia se basa en un diálogo didáctico mediado entre el
profesor (institución) y el estudiante que, ubicado en espacio diferente
al de aquél, puede aprender de forma independiente y también
colaborativa.

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